Opinión

Abrazando mi identidad cultural

Nunca pensé que mi vida se revolucionaría por ser multilingüe.

A lo largo de mi adolescencia, luché mucho con mi identidad cultural y regional. No sabía dónde y cómo pertenecer. Al crecer con una familia que hablaba pangasinan, experimenté un gran choque cultural dentro de mí. Al crecer aprendiendo y hablando filipino en la escuela, me confundí aún más. Al crecer consumiendo libros, música y películas en inglés, me convertí en una persona totalmente diferente. Crecer en una sociedad y una comunidad con una fuerte mentalidad colonial en la que todo lo de los EE.UU. es venerado, hizo que mi situación fuera aún peor.

No sabía cómo identificarme.

Aprender tres idiomas a una edad temprana me hizo multilingüe. Claro, suena como algo bueno. Sin embargo, esto vino con algunos efectos subyacentes que me marcarán más tarde en la vida.

En ese entonces, yo era joven e ingenuo. No sabía cómo responder a la “bastardización” de mi identidad. Tuve la desgracia de no tener a alguien que explicara las culturas e historias de los idiomas antes de aprenderlos.

La identidad cultural, tal como la define Nina Martin, es “la medida en que cada persona individual se atribuye ciertas opiniones y creencias a sí misma, y al sentimiento de afinidad que esta persona tiene hacia un grupo cultural distinto de personas”. Explica además cómo “el bilingüismo afecta consecuentemente al desarrollo de la identidad cultural del niño”.

Crisis de identidad

A principios de 2000, cuando la mentalidad colonial es fuerte entre las provincias, mis compañeros de clase me preguntaban dónde había nacido. Siempre respondí “Manila” a algunos y “San Carlos” a otros, adoptando siempre un acento más suave. Tenía miedo de identificarme como un nativo pangasinense por temor a ser mal visto. Que ser un nativo Pangasinense es inferior comparado con haber nacido en lugares urbanos como Metro Manila. Algunos también me confundieron con un “foreigner”, un término dialectal, por mis rasgos caucásicos.

Y no les dejé saber lo que realmente soy. ¿Pero quién soy realmente y a dónde pertenezco? ¿Qué idioma debo hablar? ¿Soy un verdadero nativo? ¿Acaso importa?

Mi confusión cultural me siguió hasta los 20 años. Recientemente, cuando estaba hablando con un amigo en mi lengua nativa, me horrorizó que ya había olvidado algunas de las palabras. Me quedé anonadado. Quería arrancarme el pelo para vomitar las palabras. Experimentaba el “language attrition” provocado por la mudanza a Metro Manila.

Como no conocía a nadie que hablara en mi lengua materna, aprendí a sobrevivir hablando en tagalo o en inglés. También patrociné el consumo de medias en un idioma extranjero. Mi situación se volvió aún peor que antes. Me estaba convirtiendo en una causa perdida.

Una llamada de atención

Debido a mi misión de mejorar cada aspecto de mí mismo, empecé a aprender español hace un par de años. Pasó un mes, y empecé a notar algo asombroso. Sentí como un despertar cultural en mí, como si un velo se levantara finalmente.

Aprender un idioma extranjero me hizo apreciar mi lengua materna y mi cultura. No sabía cómo, pero simplemente sucedió. Me sacó de mi ensueño de tratar de ser blanco. Me dio un sentido de pertenencia y más.

La importancia de la identidad cultural

Nunca se ha insistido lo suficiente en la importancia de la identidad cultural. En pocas palabras, hace que uno se sienta perteneciente. Les hace conocer su lugar en el mundo. Por eso es muy importante que impulsemos la diversidad en varias formas de medios. Cuando una persona ve o lee sobre un personaje que se parece a ella, puede que no se sienta sola en el mundo. Puede que se sienta representado e incluido. Podría haber un sentido de pertenencia y seguridad. Y lo que es más importante, podría romper las normas sociales tóxicas que vinculan a los individuos en la sociedad.

Mi crianza, educación y experiencias me llevaron a cuestionar y aceptar lo que realmente soy. Ahora que reconozco mi influencia hispana y aprendo español, no dejaré que envuelva mi verdadera identidad. No importa dónde vaya o qué idioma hable, siempre me identificaré como un filipino de influencia hispana, específicamente pangasinense. Siempre traeré conmigo el idioma nativo, la tradición y las costumbres que mis antepasados lucharon por sobrevivir. No me negaré más a mí mismo.


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Arvyn Cerézo
Arvyn Cerézo es el editor de La Jornada Filipina, la primera y más grande revista noticiera en español de Filipinas. Sus artículos han aparecido en South China Morning Post, Publishers Weekly, AudioFile Magazine, Asian Review of Books y Book Riot. Puede encontrarlo en arvyncerezo.com.

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