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La caída y el ascenso de España

La entrada de un nuevo milenio ha supuesto, desde un tiempo a esta parte, que una parte de la población filipina se haya interesado en definir cuál es su identidad. Unos estiman que es un país hispano que a duras penas intenta desempolvar sus raíces; otros, que para descubrir la esencia filipina hay que borrar los barnices españoles y estadounidenses que, durante cuatro siglos, dominaron el país; otros que es la nación más estadounidense de Asia; mientras que algunos expresan que Filipinas, tras tanta influencia china, malaya, española y estadounidense es un país mestizo fruto de todo lo anterior.

Muchos piensan que la relación histórica entre Filipinas y España murió en 1898, cuando España ratificó la pérdida de las últimas islas de este archipiélago, que no habían sido recogidas en el Tratado de París, por el cual España entregaba- que no vendía- su provincia asiática. Pero se preservaron la lengua, muchas costumbres, la religión y el carácter abierto y cercano que caracteriza a ambos pueblos. España perdía en aquel momento, gran parte de su histórica extensión imperial para centrarse a través del ‘Regeneracionismo’ en dilucidar qué era España y adónde iba como país.

Filipinas, se encuentra en estos momentos, en esa búsqueda: entre los defensores del legado hispano, los detractores de éste con un marcado sesgo pro- indigenista y los “usenses” que suspiran por imitar a los Estados Unidos, considerando que el inglés y acercarse a los Estados Unidos son sinónimo de progreso. Pero, aunque se dude si rebautizar al país como “Maharlika”, si debe fomentarse el “baybayin” o si el inglés debe continuar siendo oficial, antes de que haga desaparecer a todas las lenguas nativas, Filipinas es en parte hispana.

Historia de dos dictadores

Ferdinand Marcos y Francisco Franco eran firmes defensores del movimiento hispanista. El primero intentaba que no muriese el legado español en Asia, de una España otrora imperial, mientras que el segundo buscaba tener un aliado en Europa, dado el rechazo a su gobierno, alrededor del mundo.

Durante el mandato de Marcos, el idioma español fue preservado como lengua oficial a petición del “Caudillo” y se construyó en Filipinas el Dambana ng Kagitingan en el Monte Samat a semejanza del Valle de los Caídos, en España. Múltiples fueron las visitas de Marcos a España. Incluso quiso mudarse a España en los años 80, ya muerto Franco, tal y como señalan los cables diplomáticos de la época.

Franco al igual que Marcos han sido y siguen siendo figuras muy controvertidas en sus respectivos países. En el caso español, su figura ha sido ampliamente revisada por los partidos políticos y la sociedad democrática. Desde 1936 hasta 1978 (Constitución actual), el régimen enfrentó periodos de aislamiento económico, -el Plan Marshall de reconstrucción europeo nunca fue otorgado a España por su régimen político-, autarquía, pobreza, falta de libertades y derechos democráticos que fueron reduciéndose hacia una sociedad más abierta internacionalmente, con un sistema progresivamente tendente a la reinstauración democrática de derechos y libertades que cristalizaría en la vuelta a la democracia y en el acceso de España en la  Comunidad Económica Europea, el 1 de enero de 1986.

Hoy en día, los dos dictadores todavía causan una gran división en sus respectivos países. Aunque entre los jóvenes españoles, las heridas de una época que no conocían se han cerrado.


Los puntos de vista y opiniones expresados en este artículo de opinión son los del autor y no reflejan necesariamente la política o posición oficial de La Jornada Filipina.


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Álvaro Jiménez Casas
Álvaro Jiménez Casas es abogado, periodista madrileño, políglota, interesado en la historia, las relaciones internacionales, los viajes y el descubrimiento de otras culturas. Con una querencia por Filipinas; amante de sus costumbres y de su idiosincrasia; sobre todo de su legado hispano, de sus innumerables islas, de las piedras de Intramuros, de las callejuelas de Vigán, de los atardeceres de Bohol, y de las playas de Siquijor, pero, ante todo, de sus sabores, de sus gentes, de los lazos que unen a su país con la Perla de Oriente y ¡cómo no!, con la lengua nacional histórica de Filipinas: ¡el español!

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